domingo, agosto 06, 2006

LA ÚLTIMA CENA

La otra noche metí hasta el fondo mis cuatro patitas peludas, y ahora les cuento por qué. Vaya por delante que el Festival de Teatro Villa de Mijas tiene ya un cierto prestigio. Sin grandes alardes, de acuerdo, pero yo he visto allí a los muchachos del Club de la Comedia, cuando aún tenían gracia, y a ese gran personaje que es Rafael Álvarez "El Brujo". Los geniales Yllana son invitados fijos cada año, y también acuden actores como Antonia San Juan o Pablo Carbonell. Este año celebraba el festival su veinte aniversario y eso no había que perdérselo. Convencí (he aquí mi metedura de patas) a Anonimia (ya la conocerán ustedes en cuanto regrese de su paseo por Europa, les ruego que tengan paciencia, ya verán cómo merece la pena) y nos fuimos a ciegas a ver una obra llamada "Menú del día". Preferimos no enterarnos de qué iba, para que la emoción de la sorpresa mejorase la experiencia. Y así fue, en efecto. Todo el rato hasta que se levantó el telón. A partir de ahí, el factor sorpresa nos impidió una huída a tiempo y les juro que eso empeoró notablemente la experiencia. Vale que el decorado era una cocina pero, aún en una cocina, una olla de lunares debería haber despertado nuestras suspicacias.

La escena comenzaba con dos cocineras viendo una telenovela. En la siguiente escena, una de ellas le pide a la otra que le cuente el episodio
porque no lo ha visto (¡¿?!). El tema de la telenovela da pie a asuntos tan de interés general como las varices y los esputos maritales. Con un vocabulario procaz que no voy a repetir aquí por respeto a ustedes, pero baste decir que ríanse de Almodóvar un lunes por la mañana; y con un (un de uno, 1) tono de voz que... verán ustedes, yo nunca he deshuesado vivo a un pollo, pero debe de sonar más o menos igual. Eso sí, hay que reconocerlo: las dos actrices daban la impresión de no haber salido en su vida de una cocina (luego se nos ocurrió que tal vez no lo habían hecho). Es más: en el caso hipotético de que se hubieran aprendido el texto, igual habrían resultado convincentes. No sé en qué momento de este impresionante (de verdad) espectáculo (en el sentido más general de la palabra), tal vez cuando una de ellas le enseña la faja a la otra (que reacciona con un sentido "¡¡¡¡¡¡Ooooiig Pepa qué faaaaja, ooooiiig... oooiiig Peeeepaaaa!!!!!") fue cuando Anonimia comentó muy acertadamente: "No sé si tomarme otro sandwich. Con un poco de suerte me cae mal y con las alucinaciones hasta me gusta la obra".

Ciertamente, no había que tomar medidas tan drásticas. Bastaba fijarse un poco para advertir detalles de inusitada originalidad en el montaje. Por ejemplo, el fenómeno curioso de que cada vez que una de ellas decía "Oído cocina", todas la luces se apagaban, y al parecer se pasaba a otro acto. O el hecho de que el encargado de las cocineras, que en un momento dado se supone que es transportado en un saco, inconsciente, tuviese aproximadamente un metro de altura. Aún más inquietante resulta el hecho de que ese encargado tan bajito tuviese plumas (se veían dentro del saco).

Sonó otro "Oído cocina".

Anonimia: Qué raro. Esta vez no se ha apagado nada...

¡¡PLOF!!

Y se apagó todo. Las luces, la megafonía, todo. Las experimentadas actrices trataron de improvisar; los técnicos, de remediar desesperadamente el desaguisado para acortar el sufrimiento, el nuestro y el suyo.

Y ahí fue cuando Anonimia tuvo la primera gran idea de la noche:

- En cuanto abran la puerta, aunque sea para que entre el aire, nos largamos echando leches.

Y nos fuimos, dejando la obra en su mejor momento (a oscuras) y sin esperar a ver a cómo terminaba aquello. Nos había quedado claro que igual la obra terminaba bien, pero desde luego los espectadores no. El portero nos miró con condescendencia. Casi creí advertir en su mirada una petición de auxilio... Ya en el coche, sonaban Triple XXX: "Dijiste la última vez/nunca más, ok?"

Aquí tuvo Anonimia la segunda gran idea de la noche: ir a escuchar jazz. El nombre del grupo nunca he conseguido aprendérmelo, pero si alguna vez pasan por la Costa del Sol los pueden localizar fácilmente: dondequiera que se interprete jazz, allí están ellos. Y cómo han mejorado en el par de años que llevaba sin ir a verlos. Tanto Javi, que ya hace lo que quiere con la batería pero con la sensibilidad exquisita de siempre, como el contrabajista ruso y el guitarrista, Marcelo, ambos con esa perfección técnica. Y también todos los que hemos visto casi empezar con ellos en las jam sessions y que esa noche estaban allí. Hay un saxo tenor, un chico larguirucho y tímido, que ahora pone el vello de punta con su delicadeza, con esa cualidad que tienen los buenos músicos de hacer que todo parezca fácil de tocar cuando lo hacen ellos. Otro guitarrista (tampoco puedo recordar su nombre, lo siento...), al que al principio se le notaban a la legua las raíces rock, se lució construyendo melodías deliciosas, dulces, perfectas. Y por ahí seguido. Qué maravilla...

El viernes repitieron "Menú del día" en la televisión local. Hubiera querido grabarlo. En serio. ¿Conocen a esos tipos que te colocan un vídeo en cada deuvedé, advirtiendo de lo terrible que sería si la gente se dedica a robar las ideas de otros, y preguntándose dramáticamente qué sería nuestra cultura sin ideas? Les podríamos haber enviado la grabación, con una nota: "¿Qué sería nuestra cultura sin ideas? Pues esto, señores, esto."


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3 Comments:

At 7/8/06 04:30, Anonymous ^Excess^ dice...

Mis condolencias. De todos modos, creo que ha quedado demostrado eso de que "no hay mal que por bien no venga". ^_^

 
At 9/8/06 12:01, Anonymous Anónimo dice...

¿Los del club de la comedia tuvieron gracia alguna vez? :D
Felicidades por el blog.

 
At 9/8/06 22:08, Blogger Susana dice...

Bueno... tenían su aquel cuando era algo nuevo, y se metían con la toma de Perejil y demás. Luego se dieron cuenta de que lo que vendía eran la guerra de sexos y las palabrotas y ya hace mucho tiempo que cansan, la verdad.
¡Gracias por las felicitaciones!

 

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