sábado, febrero 23, 2008

LA NARIZ DE DON PABLO

No me resisto a fusilar, enterito, el artículo de la semana pasada del tremendo, maravilloso Incitatus. Siempre merece la pena leerle, pero de vez en cuando produce perlas únicas, como la que sigue:

La nariz de don Pablo


Llego pronto, a deshora, al Museo Reina Sofía. Me he escapado de mi trabajo, pero prefiero que me riñan antes que seguir tirando de las bridas de mi corazón, que me pide, que me exige correr a los brazos desabridos de Pablo Picasso. No sé por qué. Ese malagueño y yo nunca nos hemos llevado bien. Yo, que tanto defiendo y he defendido siempre el arte del siglo XX, me he cabreado más de una vez, me he sentido inerme, incomprensivo, a veces bobo, Dios sabe que hasta burlado, por ese señor. En cuántas ocasiones no lo he entendido y me he preguntado si había, en realidad, algo que entender. Vermeer de Delft pintó menos de treinta cuadros en toda su vida, me decía, y los comprendo todos, los interiorizo, los sé de memoria. Picasso pintó más de cinco mil. Es imposible que pase lo mismo. En algún momento se tuvo que equivocar. En algún instante tuvo que hacer el gilipollas. Mozart, en 36 años de vida, escribió 41 sinfonías. La inmensa mayoría son obras maestras incontestables. Pero es imposible crear cinco mil obras maestras. Ni Picasso ni nadie, coño. Eso rezongaba yo mientras me bajaba del taxi ante el “Sofidú” tan malamente ampliado por Jean Nouvel. Pero mi corazón tiraba de mí y de mi desgana, y por una razón: “Estos son los cuadros que nunca vendió”, sonaba en mi alma, allá abajo, “estos son los cuadros de los que no fue capaz de desprenderse, los que le acompañaron siempre. O sea, los que más quería. Su espejo”.

Me pongo a mirar. Desnudo femenino de pie, acuarela en rojos grises y negros. Tres desnudos, una cosa de madera que hizo. Estudio para “Cabeza de mujer” (Fernande), algo que me recuerda mucho al gran Mingote. Paso ante un cuadro de mediano tamaño que se llama Cabeza. El cartelito dice que está hecho con tiza, carboncillo y papeles diversos. No me interesa. Y en esto me tiran de la manga:

–¿Qué hace aquí que no está usted en Arco? ¿No ve que no hay nadie?

Yo doy un respingo, claro, pero trato de ser amable:

–No me interesa mucho Arco. Eso es una feria, algo para comprar y vender. Publicidad. Una tómbola. El arte es otra cosa.

El tipo me mira con una sonrisa de indudable desprecio:

–Ah, ¿sí? ¿Y qué es el arte?

Yo no sé qué decir, esa es una discusión que ha llevado años de mi vida y jamás he sabido qué contestar a esa pregunta terrible, nunca. Pero el tipo, que se me antoja agresivo, exige una respuesta, no puedo escapar:

–Supongo que el arte es lo que uno encuentra después de haberlo buscado mucho.

El hombre cambia de cara sin dejar de mirarme, ensaya una sonrisa que no le sale (pero lo intenta; el tipo es feo) y vuelve a ese cuadro, Cabeza, que ya he decidido que no me interesa.

–¿Usted ha visto qué nariz?

–Ahí no hay ninguna nariz.

–Ah, ¿no la ve?

Me vuelto a mirar al tipo. La verdad es que casi da miedo. Pálido, ojeroso, con una mirada de hambre. Se le hunden las mejillas grises bajo los pómulos. Lleva una barba y un bigote cortos, negruzcos, que sirven de cárcel a unos labios macilentos y casi sin sangre. Tiene frío, eso está claro. Un frío azul, que es el peor de todos los fríos. Lleva un gabán oscuro, astroso, que le viene muy grande, con el cuello abrochado hasta la perilla. El tipo parece tener tanto frío que está, repito, azul.

–Pues no, no la veo. Oiga, ¿se encuentra bien? ¿Tiene usted frío?

El tipo rezonga, francamente molesto, habla entre dientes, “¡no ve la nariz!”, y me arrastra por la sala vacía, de un sitio a otro. Me lleva hasta un pulcro Retrato de hombre con sombrero y bigote, pintado en 1900.

–¿Y ahora?

–Hombre, sí. Ese tipo tiene nariz. Enorme. Pero ¿qué tiene que ver con?...

–¡Menos mal! ¡Pensé que estaba usted ciego! ¿Y éste?

En el papelito de la pared dice Autorretrato, París, otoño de 1901. Es un torso desnudo con un corte de pelo como el que llevábamos de pequeños en los jesuitas. Sonrío:

–Tiene razón. Vaya nariz.

El tipo asiente, muy nervioso, y vuelve a tirar de mí. “¿Y éste?” Es la Comida frugal de 1901. Dos figuras, pan y plato. Sí, vaya nariz. Los estudios para un autorretrato. La mujer de las dos manos juntas, de Aviñón, en 1907… El tipo: ¿“Qué ve? ¿Qué ve, eh?” Yo empiezo a entrecerrar los ojos porque no creo lo que veo, no me fío de mí:

–Pero si es la misma nariz… La misma nariz en todos los cuadros…

–¡Pedazo de idiota! ¡No es la misma nariz!

–¿Cómo que no?

–¡Venga para acá!

El Desnudo sentado. El Desnudo con toalla. Las figuras que Picasso pinta debajo de un árbol. Hombres, mujeres, da igual. Es él, ¡es él! ¡Es su nariz! ¡Picasso estaba pintándose a sí mismo en todos sus cuadros! ¡Esos cuadros en los que jamás pasa nada, en los que sólo hay gente, y siempre es él! El tipo, cada vez más nervioso:

–¿Y qué ve aquí, eh?

Es la Cabeza de hombre, de 1910-11. Un montón de líneas pintadas en un papel con carboncillo, geométricamente dispuestas, que no parecen tener sentido alguno. Puro cubismo.

–Bueno, aquí no hay nariz ni hay nada.

–¡¿Cómo que no?! ¡Fíjese bien, idiota!

Me fijo. Me fijo mucho, muchísimo. Me fijo tanto que, sin darme cuenta, echo a volar, o mejor dicho algo etéreo se desprende de lo que yo soy, de lo que yo puedo tocar de mí, y empieza a rozar el papel del cuadro, a empaparlo con una niebla que no lo moja; lo acaricia, lo envuelve, lo traspasa. Yo ya no sé dónde estoy, si delante o detrás; no sé si soy el tipo que mira el cuadro o ese algo que, desde detrás del cuadro, mira, al tipo bobo que mira el cuadro. ¿Desde detrás o desde dentro del cuadro? No lo sé… Pero sí sé que ahora veo, en aquel batiburrillo de líneas, clarísima, nítida, la nariz, la inconfundible nariz; y la tristeza, y el desamparo, y las sombras del miedo, y la soledad, y la voluntad. Todas esas líneas son lo que… Eso que… La materia que… Quiero decir, la puerta que se abre para…

El tipo me sacude por el brazo.

–¿Lo ha visto?

–Creo que sí –suspiro.

–Bien. Pues no lo olvide. No es la misma nariz, nunca lo fue, sino la nariz. El concepto de nariz. Los impresionistas descubrieron que las cosas no son cosas, sino la luz que se posa sobre ellos. Eso es lo que les da sentido, forma y vida. Cézanne descubrió que las cosas tampoco son cosas. Son formas geométricas, líneas, objetos en un espacio; formas que, en realidad, nacen y obedecen a unas leyes difíciles y apasionantes: las de la simplicidad. Una nariz nunca es una nariz. Es un trazo volátil pero certero en el que convergen todas las narices. Es la nariz. Luego, claro, cuando lo pones en papel o en lienzo, llegan las variaciones, pero si el artista llega a comprender cómo es, cómo se llega al concepto fundamental, a la esencia de lo que quiere hacer, pues todo está ya casi hecho. Lo demás es técnica, que, ya sabe usted, o se tiene o no se tiene, pero eso sí se aprende en las academias. Pero lo otro, el llegar a desentrañar la esencia de una forma y atreverse a darle vida propia, ¡vida propia por encima de lo que la mayoría de la gente entiende por realidad, o sea por lo común!, eso es hacer arte, querido amigo. Por cierto, aquí hace frío, ¿sería usted tan amable de invitarme a tomar un café con leche?

–No faltaba más.

Bajamos a la calle. A la luz inverniza de la tarde lo vi mejor. El tipo seguía teñido de un inexplicable color azul. La barba y el bigote ralos, la cara de hambre, huesuda; los ojos grandes y cansados… El gabán siempre abrochado hasta arriba… Yo no me atrevía a decirle nada. El hombre se tomó tres cafés con leche y un bocadillo de jamón. Me miraba. Yo creo que me oía pensar. Al final me dijo:

–Creo que no entiende del todo lo que hemos visto ahí, donde los cuadros. Ande, venga conmigo. Casi nadie ve lo que es importante. ¿Usted se ha fijado en lo que hay ahí fuera? No, ¿verdad?

En la acera, en medio de la gente que iba y venía, una mujer mendigaba. Estaba sentada en el suelo y trataba de atraer la atención con un pequeño artefacto mecánico: un caballo y un jinete de plástico (vestido éste de cowboy) que daban vueltas en torno a un poste, sujetos ambos por un cordel blanco. El aparato producía una musiquilla que apenas se oía.

–¿Qué le parece? –dijo el tipo.

–Pues…

–¿No ve la nariz?

–¿Otra vez? ¿Qué dice? ¿Qué nariz?

–¡Ah, no aprenderá usted nunca! ¡Fíjese, hombre! ¡Fíjese bien!

Me llevó unos segundos, quizá un minuto y medio, pero les juro a ustedes que, en una de aquellas vueltas, el cordel blanco del juguete se rompió, o se soltó, o se desanudó, no lo sé; el caballo y el cowboy quedaron libres; el tipo que hablaba conmigo se subió a la grupa y vi cómo, tras un relincho, se echaron a galopar viento arriba, hacia las nubes de febrero. Por cierto: qué nariz tenía el hombre.

–¡Las cosas nunca son como parece que son! –me gritó Picasso, sonriente y azul, ya desde lo alto–; ¡Y dele un beso de mi parte a Julio Cebrián, que él sabe de esto más que nadie!

En unos pobres segundos lo perdí de vista.


Ilustraciones de Julio Cebrián

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lunes, septiembre 24, 2007

EXCREMENTADA EXPOSICIÓN

UN HOMBRE ORINA SOBRE UNA PIEZA DE EXPOSICIÓN EN UN MUSEO.

Claro que lo primero que hay que advertir es que la susodicha pieza era un urinario. La noticia nos la ha mandado Adrià.

Un tal Vassiliy Kovalchuk, de 48 años, fue detenido por orinar en una pieza de exhibición en el Museo Kiev que exponía una muestra sobre la historia del retrete. Interesante, sin duda.

La cuestión es: ¿Fue hecho como un acto de sabotaje ante la exposición? ¿Como un acto artístico de performance? ¿Como un acto de necesidad?

Pues ninguna de las tres cosas. Por las afirmaciones del sujeto parece que fue porque le dio la real gana. Kovalchuk dijo: "No me había dado cuenta de que eran solo para mirar”. Más bien de tanto mirar se motivó lo suficiente. Vamos a ver, será que no sabía leer, pues al parecer los organizadores, muy prudentemente (creo que a mí no se me hubiera ocurrido), se habían molestado en poner cartelitos por todos lados donde ponía “NO USAR”.

Bueno, señores, pues esto no es la primera vez que sucede. Según el periódico BBC MUNDO en su artículo “Ataque al más famoso urinario” se menciona:

La policía informó que el individuo había orinado sobre la famosa obra avaluada en más de US$3 millones cuando era exhibida en Nimes, sur de Francia, en 1993.

Al parecer, un francés atentó dos veces contra la misma obra, considerada como la más relevante del S XX. La primera, tal y como he mencionado, en 1993, y la segunda en el 2006 golpeándola con un martillo, alegando que el acto era en sí una obra de arte.

Imagino que todos ustedes conocerán y sabrán cual es la obra más relevante del arte moderno...

-¿El Guernica o Las señoritas de Aviñón de Pablo Picaso?

-¡Uhmmm...! ¡No!


-Tal vez ¿La Danza de Mattisse?

-¡Uhmmm...! ¡Tampoco!

-¡Ya está! ¿La persistencia de la Memoria de Salvador Dalí?

-¡Desde luego, no dan ustedes una!

-¡PUES CUÁL, SI NO!

-Es el comúnmente llamado El Urinario de Marcel Duchamp.

A ver, ¡NO! ¡Ni me drogo, ni estoy borracha! …Y el triste vaso de coca-cola que me acompaña tampoco está en mal estado.

¿Perdonen?...¿Qué?...Es que no les oigo bien… ¿Qué cuál es el mérito de hacer un urinario? ¿Que usted tiene un primo en Móstoles que tiene una fábrica de esos y que a él nadie le llama artista?

Un momento, un momento, ¡sin abusar! ¡Que no lo hizo él! Duchamp lo eligió, lo compró en una tienda, lo firmó bajo el seudónimo de "R. Mutt" y luego lo expuso en 1917 bajo el título de La Fountain (la fuente) y afirmó que aquello era una obra de arte.

Y es que esta creación fue elegida en primer lugar en una encuesta realizada entre 500 expertos en arte para promocionar el Turner Prize, un importante y polémico premio de arte moderno en Inglaterra.

Imagino que si no están familiarizados con las tendencias del S. XX, más de uno pensará: "¡QUÉ JETA!" Pero... ¿es esto cierto? ¿Era Marcel un caradura sin más? No, seria muy injusto tratar así a Duchamp.

Lo que aportó fue un cambio radical. Hasta esa fecha toda la comunidad artística entendía que la obra era el objeto en cuestión (la pintura o la escultura realizadas por el artista) pero en el caso de La Fountain la obra no es el urinario en sí, sino el acto, la acción. Así pasamos de un arte objetual al arte conceptual, también llamado idea art. La idea se antepone por encima de todas las cosas, entendiéndose que el objeto es un mero vehículo para expresar la idea del artista. Se considera que lo más importante es la experiencia producida antes que el objeto mismo.

Pero claro, si lo piensan por un momento, semejante acción fue, sin duda (y más en su momento) un acto desafiante. Piensen que estamos hablando de principios del siglo pasado y, aunque multitud de nuevos movimientos como el futurismo o el cubismo, por mencionar alguno, surgían de forma revolucionaria contra las concepciones establecidas, aquello fue sin duda una provocación en toda regla frente a los críticos e incluso la comunidad de artistas.

Y es que no puedo dejar de imaginarme a Duchamp en su casa, revolcao por los suelos de la risa, imaginando la cara del resto cuando se encontrara con la contundente acción. El mensaje transmitido está clarísimo. Bien podía haber escogido otro objeto, no sé, un espejo, una mesa, un "veteasaber" o un "queséyo", pero no, él escogió un urinario (¡que es para mearse!). Y lo realizó con toda su intención, un acto lleno de cinismo y probablemente de desprecio.

Y es que su obra posee un elemento de burla al espectador, al considerarle carente por completo de significado o mérito artístico. De todas formas La Fountain no surge de la nada, pertenece a un grupo que engloba lo que se conoce como ready-made, que consistía simplemente en la combinación o disposición arbitraria de objetos de uso cotidianos. Como por ejemplo esta obra titulada The Bicycle Wheel (1913).

The Bicycle Wheel

Esta escultura ya no nos resulta tan extraña como el urinario porque no tiene ese aspecto morboso y desafiante, y es que ese objeto presenta un tabú escondido en nuestros pueriles prejuicios, un prejuicio que él desveló y sacó a la luz. La próxima vez que vayan a Ikea y vean una preciosa lámpara formada por lo que asemeja una red de un colador o un cenicero que recoja elementos de fontanería, piensen en Duchamp, un hombre pionero que abrió puertas al arte y la estética.

Estamos ante la presencia de un autor crítico que cuestionó hasta la última de las ideas preconcebidas, introduciendo una fuerte crítica a la institucionalización y al fetichismo de las obras de arte. Se burlaba abiertamente de las “lecturas” que los críticos solían establecer. Pero no solo él; sin ir más lejos, Salvador Dalí solía decir:

Esto que he hecho no sé lo que es, pero está lleno de significado.

Todo esto generó enormes tensiones incluso dentro del mismo círculo surrealista. Prueba de ello es esta singular pintura, en la que se atreve a poner perilla y bigote nada menos que a La Gioconda, una acción que independientemente del resultado técnico del cuadro es para cualquier purista poco menos que un sacrilegio.

Marcel Duchamp, L.H.O.O.Q. (1919)

Según palabras del propio Duchamp:

Lo más curioso sobre este bigote y esa perilla es que, cuando los miras, la Monna Lisa se convierte en hombre. No es una mujer disfrazada de hombre; es un hombre auténtico, y ese fue mi descubrimiento, aunque no me diera cuenta de ello en aquella época.

Pero, fuera de esta imagen más irreverente de su carrera, Duchamp fue un autor de ideas, de reflexión, y aunque no fue muy proclive en cuanto a número de obras de arte sí lo fue en cuanto a las perspectivas que aportó, convirtiéndose en una figura fundamental para entender los posteriores desarrollos que se desencadenan en el arte moderno.

Se dedicó a dos temas principalmente: Por un lado, el ready-made, que acabamos de comentar, y por otro el arte cinético que estuvo presente en casi todo lo que hizo desde el principio.

Empezó a pintar en 1908, y fue partícipe de las muchas y diferentes corrientes artísticas que proliferaban en la época. Experimentó con el fauvismo, en donde comenzó a explorar los temas del movimiento y la transición. Luego pasó por una etapa cubista y, como Picasso o Braque, rechazó fervientemente la creación de teorías o manifiestos.

Durante una época, junto a sus hermanos, visitó con frecuencia el Grupo de Puteaux (que adquirió dicho nombre por que se reunían en la casa de Villon en Puteaux), en el se hablaba de dos temas cruciales para Marcel: La cuarta dimensión y el arte interpretado por la mente en lugar de por la retina (arte retiniano). Fruto de aquellas conversaciones realizó el cuadro Jugadores de ajedrez, que no destaca por su técnica pero sí por la intención que deposita en la actividad mental de los jugadores. No me pregunten por qué pero es uno de mis favoritos.

Esta pintura, además, representa la primera de una serie innovadora e incatalogable, pues Marcel jamás se detenía ante estilos o formalismo; simplemente, pasaba de una cosa a otra explorando todas las posibilidades que le ofrecía un nuevo trabajo.

Más tarde, introdujo juegos de palabras, como podemos ver en Desnudo bajando una escalera; uno de sus más célebres cuadros, que impresionó porque introdujo el título del cuadro dentro del lienzo, del que partió para su trabajo de la fotografía estroboscópica . El éxito de esta obra le animó aún más a buscar su propio camino sin adscribirse a teorías o grupos.

(...) quería inventar o encontrar mi propio camino, en lugar de ser un mero intérprete de una teoría.

Marcel Duchamp

Marchó a Munich y no se molestó en ir a conocer a Kandinski. Se interesó por Jules Laforgue, del que le agradó su humor cínico, el desapego de sus personajes y sus juegos verbales; y por Raymond Roussel, del que le impresionó fuertemente “la locura de lo inesperado” que creaba su obra a base de juegos de palabras, transliteraciones y retruécanos.

Esta trayectoría artística, que he tratado de resumir brevísimamente, constituyó los antecedentes de La Fountain. Piénselo: si Duchamp no se hubiese ganado primero con su innovador trabajo a un público, el acto hubiese quedado en el olvido.

De todas formas, hay algo que no ha dejado de darme vueltas en la cabeza. Duchamp creó la La Fountain para desafiar a los críticos, y estos, no sé cuántos años más tarde, le atribuyen esta obra como la mejor del arte moderno. Seguro que llevan toda la razón, no soy yo una experta para discutirlo, pero hay algo que me suena a chamusquina, algo que me hace pensar que al final le han ganado la batalla a un hombre tan luchador como polémico, normalizándole, otorgándole premios, sacralizando al que se mofó abiertamente de todo eso y se atrevió a pintarle bigotes y perillas a La Gioconda.

Tal vez si Marcel levantara la cabeza se sentiría indignado de que le realizaran tantas “lecturas” sobre su carrera y considerara la mejor opción liarse el mismo a martillazos con su excepcional “Fontnuntain” quitándole de las manos el martillo al francés que fue detenido. Como un nuevo signo de protesta, para provocar de nuevo el escándalo entre sus seguidores y alcanzar el desconcierto perseguido a lo largo de su trayectoria artística. O tal vez no, que a todos nos engorda el ego con alabanzas y nos produce gran satisfacción que nos reconozcan nuestro esfuerzo y trabajo.

Así que ya saben si un urinario puede ser una fuente, deténganse dos veces cada vez que observen la realidad que les rodea. Puede que un secador de pelo se convierta en una linterna o la puerta de un frigorífico en desuso se transforme en una estantería para C.D. De todas formas estoy segura de que por novedosos que nos resulten estos objetos de diseños tan prolíferos hoy en día, no estamos aportando ni una sola idea innovadora, nada que no se haya hecho ya, salvo por nuestra propia sensibilidad.


Enlaces:

BBC Mundo: Un urinario muy influyente.

No solo de pan vive el hombre

El ángel caído (aquí explica algo del bigote y la perilla de La Joconda de Duchamp.

A parte de tú. Revista de Filosofía.

Extracto de Diálogo sobre el arte, la arquitectura del mundo, con su arquitecto Joseph Beuys. Entrevista con Achille Bonito Oliva, 9 de abril de 1981 en Joseph Beuy, Ensayos y entrevistas, Editorial Síntesis, España.

Aquí podemos encontrar las obras de Duchamp

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sábado, abril 21, 2007

VISTAS EN MAJADAHONDA (¡EMPIEZAN HOY MISMO!)




Más información.


¿Dónde está Majadahonda?

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PARA VISITAR



Capella de Sant Corneli (Cardedeu). Del 20 de abril al 24 de junio.

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miércoles, marzo 28, 2007

POESÍA VISUAL CULINARIA





www.poefesta.com

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martes, febrero 27, 2007

SUSANA EN EL PAÍS DE LAS MARAVILLAS

El pasado jueves estuve contemplando de cerca la obra de David Ymbernon. Pero no se imaginan de qué manera: tuve la inmensa suerte, el privilegio, de tener al mismo David como guía, y de que además me permitiera acceder a su estudio. Ymbernon, señores, es el nombre de una realidad paralela a la nuestra, preñada de magia y sorpresas. Yo iba por aquellas estancias blanco y naranja sintiéndome una pequeña Alicia, espiando con los ojos muy abiertos cada maravilla que iba encontrando por los rincones: una báscula en la que las plumas pesan más que el hierro, una cuadrilla de diminutos obreros que construye un huevo con alas, un paracaidista que desciende del techo, juguetes imposibles en cajas inventadas, un cerdito-violín que se mira al espejo... En la pantalla del ordenador, una chica baila la danza del vientre en una bañera de plumas, con el viento como única música, y más tarde un señor ya mayor hace un striptease cargado de inocencia y gracia, que se repite una y otra vez en forma de bucle. De vez en cuando, yo salía de mi admiración y hacía preguntas acerca de todo: "Y esto, ¿cómo se hace?" "Y lo otro, ¿por qué es así?" Y David, que había sacrificado las horas de que disponía para trabajar por estar allí, contestaba a todas con paciencia bovina, dejándose acribillar con una sonrisa, acentuando mi maravilla con cada respuesta.


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miércoles, diciembre 06, 2006

DelicARTessen

"Preparó Alfanhuí en la cueva una especie de andamio o tablado, como una repisa ancha, a media altura de la pared, alrededor de la cueva. Fue bajando una a una seis tinas de madera y las colocó sobre la repisa, como el maestro le había dicho. Luego sumergió en cada tina las puntas de cada manojo de raíces. Bajó luego a la cueva los seis cántaros de líquidos de colores y vertió uno en cada tina.

Alfanhuí subió a reunirse con su maestro, y ambos se sentaron en el jardín mirando al castaño. Pasó un poco de tiempo y vieron cómo algunas de las hojas empezaban a teñirse de naranja, mientras que las otras quedaban blancas todavía. Comprendieron que el zumo de naranja era el más fluído de los tintes, y por eso se revelaba el primero. Más tarde subió a las hojas el zumo violeta. Ya había dos colores. Luego fueron subiendo uno a uno el azul, el rojo, el amarillo y el negro. A las dos horas, todas las hojas estaban teñidas y el castaño era como un maravilloso arlequín vegetal. Alfanhuí y su maestro hicieron fiesta aquel día y festonearon la casa con ramos y guirnaldas de colores."

Rafael Sánchez Ferlosio, Industrias y andanzas de Alfanhuí.





DelicARTessen, arte en pequeño formato. Hasta el veinte de enero en la galería Esther Montoriol, Barcelona.

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jueves, noviembre 02, 2006

MOMENTO ANGULAR




- ¿Qué estás haciendo?

- Girando en sentido contrario a las agujas del reloj.
Cada vuelta quita momento angular al planeta.
Ralentizando su espín un poquito.
Alargando la noche, atrasando el amanecer.
Dándome un poco más de tiempo aquí.
Contigo.

De la estupenda tira xkcd.

Aclaración: no lo intenten en sus casas. Por una parte, el efecto sobre la velocidad de rotación de la Tierra de una diminuta personita girando sobre ella es despreciable. Por otra parte, aun suponiendo que consiguiéramos retrasar el amanecer unas millonésimas de segundo, el despertador seguiría sonando a la misma hora...

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jueves, octubre 26, 2006

LA LEGIÓN DEL ESPACIO

Como pueden ver, hoy inauguramos enlace. Se trata de la genial tira La Legión del Espacio, por Álamo y Fedde. Curiosa, con mucho arte y, sobre todo, hilarante. No tiene desperdicio.


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miércoles, octubre 25, 2006

EL MUNDO YMBERNON Y MI MALA CABEZA

Lo siento. De veras que lo siento. Por mi culpa culpita se han perdido ustedes la oportunidad de asistir a dos espectáculos maravillosos (o eso opinan los que sí han ido) del artista que CPA patrocina (moralmente, ¿eh?, que no está la cosa para fiestas) porque nos encanta: David Ymbernon. Se han perdido además la oportunidad de asistir gratis, porque David estaba regalando entradas a quien le escribiese (mientras le quedasen entradas que regalar, claro) y sin tener que enviarle tapas de yogur ni envoltorios de bollicao ni nada. Y yo con toda la información desde hace mucho tiempo y en Babia. Ya me pueden odiar que no les guardo rencor.

Confieso, padre, que estoy intrigadísima con las andanzas de este cocinero mágico; con esta especie de "variaciones sobre un tema culinario" que Ymbernon está construyendo con tanto cariño. Me encantan los temas recurrentes (que no repetitivos) porque casi siempre acaban llegando a alguna parte, descubriéndonos algo nuevo a lo que no se podía llegar de otra manera. Son como un taladro o como una gotera: a fuerza de presionar en el mismo punto terminan por llegar más adentro. Y es por eso que no me gusta estar perdiéndome la serie de Latung La La: sospecho que me pierdo algo realmente bueno.






Probablemente no tiene nada que ver, y perdónenme la comparación, pero cuando veo este cartel, y trato de imaginar a un gran comensal en el mundo del pequeño Latung La La, no puedo evitar acordarme del Gran Arklopoplético Verde, el de El Restaurante del Fin del Mundo (grandísima novela de Douglas Adams). ¿Recuerdan?:

"Resumen de lo publicado:

Al principio se creó el Universo.

Eso hizo que se enfadara mucha gente, y la mayoría lo consideró un error.

Muchas razas mantienen la creencia de que lo creó alguna especie de dios, aunque los jatravártidos de Viltvodle VI creen que todo el Universo surgió de un estornudo de la nariz de un ser llamado Gran Arklopoplético Verde. Los jatravártidos, que viven en continuo miedo del momento que llaman «La llegada del gran pañuelo blanco», son pequeñas criaturas de color azul y, como poseen más de cincuenta brazos cada una, constituyen la única raza de la Historia que ha inventado el pulverizador desodorante antes que la rueda."

Ya les avisé de que probablemente no tenía nada que ver.

Y ahora viene la buena noticia. Latung La La, al que pronto se le conocerán más oficios diferentes que a la Barbie, pero menos que a mí, pilota (de una forma no demasiado ortodoxa) un curioso avión de papel. Nos hemos perdido el espectáculo inaugural, pero la exposición podrá verse hasta el uno de noviembre en la galería El Carme Vic, en la calle Devallades 21 de Vic (Barcelona), en horario de oficina de las que trabajan poquito (9.30-14.00 y 17.00-20.30 días laborables). Por favor, si tienen la oportunidad y el volunto de pasarse, cuéntenmelo luego...





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lunes, agosto 28, 2006

LATUNG LA LA Y EL GRAN CREADOR.

Como ustedes recordarán, hace un tiempo escribí una entrada sobre el artista David Ymbernon. También recordarán que, en esa misma entrada, solicitaba toda la información que me pudiesen facilitar sobre él. Bien, pues fue el mismo Ymbernon el que, muy amablemente, no solo se puso a nuestra disposición para todo lo que quisiéramos saber, sino que nos envió un montón de material, autorizándonos además a publicarlo. Así que voy a dejar que sea él quien se exprese, con sus palabras y sus imágenes. A mí no me necesita para nada y seguro que no lo haría tan bien... Por supuesto, son palabras sacadas de un texto totalmente coherente (en el que sienta las bases de su Poesía Visual), para convertirse simplemente en pinceladas (desordenadas, descontextualizadas) de Ymbernon, pero creo que aún así dan mucho que pensar. Espero que no te enfades por lo que he hecho con tu obra, David, la de cortes que le he dado y la de cosas maravillosas que me dejo atrás. Señoras y señores, con ustedes, David Ymbernon Collage:


"¿Quién hace teatro? Existe una opinión generalizada que tiende a entender el teatro como la representación de una ficción mediante una historia escrita o una escenificación visual, ensayada y presentada como espectáculo con intención de ser rentable en el mercado de la cultura. Dicho esto, plantearemos el otro extremo: ¿una realidad puede ser entendida como teatro? Por ejemplo, ¿si ejecutamos unas ideas en un espacio escénico sin haberlas violado antes, es teatro? ¿Se puede hacer teatro sin hacer teatro? ¿Si en un escenario me comporto normal, hago teatro?"



"Ante obras de arte como, por ejemplo, el urinario de Duchamp, uno se pregunta si ésta ya era una obra de arte antes que Duchamp lo dijera, o si lo fue después, o si siempre ha sido un urinario y sólo ha cambiado el concepto con que es visto. Y me pregunto a continuación si una cosa que no es arte lo puede llegar a ser; y también si una obra propiamente dicha de arte lo puede dejar de ser. Por ejemplo, una obra de Picasso no es la misma ahora que antes, como seguro que Picasso ahora no la haría igual. De esta manera, una obra llamada vanguardista, innovadora o provocadora, con el tiempo se desgasta a medida que se va asimilando como una imagen cotidiana, y puede acabar siendo una antigüedad. Y continuo preguntándome si una antigüedad egipcia es una obra de arte, o si lo fue y ahora es simplemente un testimonio artístico de la época, que gusta a los entendidos, a los especialistas en la materia. Dicho todo esto, llego a la conclusión que quien otorga la licencia de arte o no a una obra es, como nos enseña Duchamp, el espectador. De manera que el urinario es una obra de arte involuntaria, desde el punto de vista del urinario. Así, una conversación entre dos mujeres en un mercado puede ser un espectáculo involuntario o una imagen espontánea en el tiempo que puede emocionarnos por su gracia; puede suponer un hallazgo con un valor muy importante, hasta el punto de verlo como una escena sin voluntad por parte de esta escena, pero espectacular, digna de espectáculo."


"Precisamente por la no intención del paisaje que contemplo, mi ritmo se dispara al imaginarme un escenario nevado con un poco de niebla, una farola de calle encendida en medio de la escena, un cocinero vestido todo de blanco que la cruza, un huevo con alas que pasa volando, etc."






"...¿se entiende, el arte abstracto? Pienso que no desde la racionalidad o desde la narración. Y me pregunto después: ¿se entiende, un cuadro figurativo? Aunque éste nos puede describir una montaña, una casa, un río o una vaca, puede no decirnos absolutamente nada. Y la obra abstracta nos puede gustar mucho precisamente porque no nos describe nada; la magia, pues, va por otro lado."


"También el tiempo del espectáculo lo puede determinar el público y no la representación. Por ejemplo, en un museo hay quien queda fascinado ante un cuadro y lo observa durante mucho rato, entusiasmado. Y sin embargo, hay quien pasa por delante de la misma obra como si nada, porque no le dice nada."





"El teatro se decanta por la representación de una ficción en detrimento de la escenificación de una realidad."


"¿Qué es una obra emocional? Una obra emocional es una obra sin voluntad de ser moderna, clásica, provocadora, trangresora, etc., es -por su insumisión a todas las voluntades previas- el que es."



"Toda interpretación teatral es falsa en sí. Si uno tiene tos, ha de toser y no aguantarse. Ha de prevalecer la verdad, y es ésta la que ha de conducir la obra, el espectáculo."


"El teatro siempre trata el público de respetable por el mero hecho de ser público, y esto ya es un síntoma claro de sumisión ante éste. ¿El público o la crítica trata siempre de respetable al artista? …Éste tampoco se ha de creer respetable por el hecho de ser artista, que es como ser cualquier cosa."


"El espacio es tan importante como la obra. La escenografía no es un complemento ni una obra de arte anexa al guión; en el teatro plástico, no sólo forma parte de la obra, sino que es lo que amalgama todo el espectáculo, lo que se llama el fundamento. Y como partimos de la realidad y no de escenificar una falsedad proveniente de libros, la escenografía ha de ser real; así, un coche de cartón no es un coche de verdad, tiene que hacer de coche de cartón."


"Y como el arte, la realidad, si existe sólo es, no es ni útil ni inútil. Y me pregunto si existe una elección más útil que la de vivir nuestra existencia de acuerdo con el arte, puesto que el sentido práctico de la vida tampoco no tiene una razón lógica. Y el arte, por el hecho de ser inútil, existe, como un impulso de la vida."


¿Quieren más?

- El dos de septiembre en el Festival Maçart, a las 22:00 h.
- En la revista CASA VIVA (en el número 112, que acaba de salir) se puede ver un reportaje del “Pis Fundació Elisabet Augé david Ymbernon”.
- El doce de octubre estrenará un nuevo espectáculo en Panorama.
- Para ver el reportaje que hizo La Dos sobre él (realmente interesante), pueden ir a www.miradas2.tve.es (BUSCADOR DE REPORTAJES Fecha: 2006-07-27 Categoría: Otras miradas - Arte - Artista: David Ymbernon).
- Un poco más de su trabajo en http://www.joanprats-artgrafic.com/ o http://www.edicionespoligrafa.com/verautores.do



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sábado, julio 29, 2006

NARANJA, QUE TE QUIERO NARANJA...


Este caballero que pueden comtemplar arriba se llama David Ymbernon y dedica su vida a construir chorradas de color naranja y blanco. ¿Por qué? Porque le gusta. Como montar maquetas absurdas o jugar con la comida o disfrazarse de cocinero. No pretende expresar nada, ni reivindicar nada, solo hacer lo que le apetece. ¿No es maravilloso? Vivir de ser niño... Monta performances muy divertidas en las que cocina alimentos sorprendentes: sandías de las que brotan, al abrirlas, granos de maíz, cartones de leche que no contienen leche, sino vino... Y en su casa, como en su obra, todo es naranja y blanco y divertidísimo. Es una pena que casi no haya encontrado información en internet sobre este tipejo genial, pero les aseguro que en cuanto pueda asistir a una exposición suya no me la pierdo.

¿Y qué hay de ustedes? ¿Han estado en sus exposiciones? ¿Saben algo de Ymbernon? Cuéntenme, mis reporteros más dicharacheros...

Un poquito más en (catalán)...

Festival massart.

Proposta 2001.

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