viernes, septiembre 15, 2006

SI NO HAY ORQUESTA... ¡NOS LA INVENTAMOS!




Para empezar con esta entrada necesito dos instrumentos voluntarios. A ver... un violín... me vale. Otro más... tú, el estirado, el clarinete, te nombro voluntario. Hale, ya podemos comenzar.

Doy por sentado que todo el mundo sabe que un violín es esa "guitarra" pequeñita que la gente se pega a la oreja para tocar (imagínense, con lo que se sufre a veces estando ya a diez metros), pero de todas formas, aquí pueden escucharlo. Y, si les gusta y no tienen nada que hacer el domingo, en esta página les enseñan incluso a fabricarse uno. Por otra parte, como la maldad humana no tiene límites y en cada pueblo hay una banda de música, supongo que también sabemos qué es un clarinete, que por cierto también pueden escuchar aquí.

Ahora vamos a hacer un experimento: vamos a tratar de hacerlos sonar igual. Veamos:

Si somos muy tiquismiquis, podemos pensar que, si dos sonidos tienen que ser iguales, tienen que estar el mismo tiempo sonando. Bueno, eso no es demasiado difícil. Practicamos un poco y enseguida conseguimos que nuestro violín y nuestro clarinete emitan sonidos de la misma duración. Pero aún suenan demasiado diferentes. Este es aproximadamente el resultado:


Nos damos cuenta de que, mientras el violín chirría como una guillotina mal engrasada, el clarinete apenas se oye. Aplicamos un poco más de pulmón al clarinete y conseguimos que ambos suenen al mismo volumen. Probablemente ahora el conjunto se parezca aún más a una cacharrería (dependerá de hasta qué punto sean disonantes las notas que estemos dando), pero vamos por buen camino. Para los curiosos, ahora lo que hemos hecho es igualar las amplitudes de las ondas sonoras que emitimos.

Como la cosa sigue sin convencernos, y ahora con la pista de la onda sonora, nos vamos al libro de Física a averiguar qué nos falta. ¡Claro! ¡Nos falta la frecuencia! Pero, ¿cómo hacemos para emitir dos sonidos de la misma frecuencia? Pensemos... la frecuencia en una onda sonora hace que resulte más aguda o más grave. Así que tenemos que conseguir que los dos sonidos tengan la misma altura o, dicho de otra forma, tenemos que emitir la misma nota en los dos instrumentos. Aquí ya entra la inventiva de cada uno: podemos ir probando, y probando, y probando; podemos ir a ver al músico del piso de arriba y pedirle prestado su afinador; o podemos llamar al músico del piso de arriba y decirle "Te invito a un café si me afinas el violín y el clarinete". El caso es que, al final, ya tendremos nuestras dos ondas sonoras iguales: igual duración, igual intensidad, igual altura.

¡Entonces, ¿por qué nos siguen sonando distintos?! Hombre, es que uno es un clarinete y otro un violín, argumentará alguien. De acuerdo, pero si las ondas sonoras son idénticas, ¿dónde está la diferencia?

La diferencia, como ya nos aclaró un tipo llamado Fourier, está en los armónicos de cada onda. Las ondas sonoras, y especialmente las complejas (como las que emite un instrumento musical) siempre van acompañadas de otras ondas secundarias, cuya frecuencia es múltiplo de la de la onda principal. Dependiendo del número de armónicos de un instrumento, y de la intensidad de cada uno de ellos, poseerá uno u otro timbre característico.

Y hasta aquí podemos llegar en nuestro empeño de tener dos sonidos iguales.

¿O no? El timbre depende del material con que esté hecho, la forma del instrumento, incluso la manera de tocarlo. Pero es fácilmente modificable. Podemos probar, por ejemplo, a introducir finas láminas de distintos materiales bajo las cuerdas del violín. Con paciencia y pericia, tal vez podamos obtener un timbre parecido al clarinete.

En este momento es cuando traigo a colación la anécdota que realmente venía a contarles. La llevo contando muchos años, pero me sigue encantando (sospecho que a mis interlocutores ya no). Es acerca de un personaje, a la sazón compositor, llamado John Cage. Un pequeño pueblo (¿o fue un pequeño teatro? No lo recuerdo.) encargó a John Cage una obra instrumental, al parecer sin dar muchas explicaciones. Cage, como nadie le dijo lo contrario, compuso una obra para orquesta, que era lo que le apetecía. Terminada la obra, fue a la localidad para comenzar los ensayos con la orquesta. Cuál no sería su sorpresa cuando se encontró con un escenario diminuto y un piano encima.

- Pero vamos a ver, ¿dónde piensan meter a la orquesta? ¿En los baños?

- Bueno, señor Cage, eso realmente sería un problema... si tuviéramos orquesta.

- Entonces, ¿qué tenemos?

- El piano.

- ¿Y ya está?

- No. Hemos tenido suerte y también hay un pianista.

John Cage podría haber vuelto al hotel, pedido una cafetera llena y adaptado la obra para piano. Pero, en lugar de eso, decidió hacer algo más divertido: adaptar el piano a la obra. Cabezota y genial como era, se empeñó en hacer que el piano sonase a orquesta. Agarró todos los cachivaches que encontró en el teatro -ceniceros, gomas de borrar, periódicos- y los introdujo bajo las cuerdas del piano, probando, probando. Y días más tarde se estrenaba su obra para orquesta, por supuesto.


Más tarde escribiría numerosas obras para piano preparado, que es como dio en llamarse al invento. Y muchas otras cosas, siempre a costa de la paciencia de los intérpretes y gracias a una tremenda imaginación. De alguna de sus obras se puede decir que ni siquiera es música, estrictamente hablando. Pero de lo que no cabe duda es de que este tipo se divertía de lo lindo con lo que hacía. Si no me creen, mírenle la cara...




Para saber más:

Sobre acústica

Una muestra de Cage

Lista de las obras de Cage

Cage y el espíritu de vanguardia


Descargas recomendadas:


John Cage-Works for prepared piano


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12 Comments:

At 18/9/06 12:53, Anonymous Anónimo dice...

Como músico (de vocación), encuentro geniales vuestros artículos sober música, divulgativos ante todo (aunque quizás sobraba explcar qué es un violín ;)

Saludos y quiero más! :)


Adrià.

 
At 18/9/06 19:29, Anonymous Jorenob dice...

Desde luego se divertía haciéndolo, y también sabía lo que estaba haciendo, seguro, porque debe ser una tarea bastante pesada buscar el sonido correcto.

Cuando hablabas de la amplitud de onda, creo que lo mismo pasa con el tono de la voz, en una conferencia o algo parecido como en una clase, un tono grave de fondo -un bozarrón hablando- puede provocar que no se escuche lo que dice el orador -suponiendo que su voz sea más aguda-, pero no estoy seguro si es así o al contrario, hace tiempo que lo leí.

Un saludo

 
At 18/9/06 23:17, Blogger Susana dice...

Jorenob: en principio, por lo que sé, la frecuencia de onda de una voz humana no tendría por qué hacerla más o menos audible. Prueba el siguiente experimento: coge una varilla metálica, o algo parecido, y dale un golpecito para que suene. Mientras está sonando, ponla en contacto con una mesa, una caja... Verás cómo ahora suena más fuerte. Es porque la superficie que vibra es mayor y hace vibrar más aire a su alrededor. Fíjate que las personas con voz muy grave, a veces, son también más grandes que los demás, y su "caja de resonancia" (su propio cuerpo), al ser mayor, sonará más fuerte. Pero si están hablando a los mismos decibelios debería sonar al mismo volumen, independientemente de la frecuencia. De hecho, cualquiera que haya cantado en un coro sabe que, por alguna extraña razón que seguramente tiene que ver con el fenómeno OVNI, los bajos nunca suenan (y el día del concierto, menos).
Si alguien de entre nuestros lectores es policía, o tiene un amigo que lo sea, puede pedirle el aparatito que usan para medir el nivel de ruido de las motos, hacer la prueba (voz grave-voz aguda a los mismos decibelios, ¿se oyen igual de bien?) y contárnoslo luego (por favor...).

 
At 19/9/06 16:02, Blogger Lucía dice...

La manera en que percibe el sonido el oído humano hace que diferentes frecuencias se perciban a distintos niveles de intensidad, aunque el nivel en decibelios sea el mismo. El volumen percibido se mide en fones, calculados según la gráfica de curvas de Fletcher-Munson. En http://www.doctorproaudio.com/doctor/temas/ref_fletcher.htm lo explican muy bien :)

Fascinante esto de la acústica. Gracias por el artículo, y por el blog. Estupendo.

 
At 19/9/06 19:07, Blogger Proyectodefilosofo dice...

Otro post estupendo, me he reído y he aprendido ¿Se puede pedir mas?

Sigan así.

 
At 19/9/06 20:02, Blogger marbu dice...

increible eso del piano tuneado! no conocia al tipo este, a ver si se baja ya algo para ver que tal suena :-)

y yo no se por qué pero por lo menos en el piano, cuando tu te pones a tocar un fortísimo yo lo único que se es que si lo quieres hacer con notas graves no problem, pero si lo quieres hacer con notas agudas... ahí ya cuesta más trabajo. Para una misma fuerza con que aporrées las teclas va a sonar más fuerte un si tocas notas graves que notas agudas, o por lo menos da esa sensación. ¿tal vez podría ser porque las cuerdas de notas agudas son más cortitas?

 
At 20/9/06 07:53, Blogger Susana dice...

Lucía: Muy, muy interesante tu comentario. En en enlace realmente lo explican muy bien, (aunque no dicen el porqué). Así que no eran los OVNIs: de verdad oímos peor las frecuencias graves.

Marbu: Llevas razón. A igual fuerza que apliques a las cuerdas del piano, las agudas, al ser más cortas, hacen vibrar menos aire y obtendrás menos decibelios. A igualdad de decibelios, como comenta Lucía, tu oído creerá que la aguda suena un poquito más fuerte.

 
At 21/9/06 12:42, Anonymous pipistrellum dice...

El oido esta diseñado para oir mejor el rango de frecuencias de la voz humana. Igual que es mas util distinguir el rojo del verde que colores del rango de los violetas como hacen los daltonicos.
Hay loros, creo, del amazonas que distinguen diferentes verdes, que nosotros no diferenciamos.

Enlaces:
sensacion de intensidad
Que tal oyes los sonidos muy agudos?
Hacia abajo en el hilo hay más links para probar la audición.

Informacio sobre la vision humana
http://ocularis.es/blog/ //blog sobre los ojos y la visión.

Espero no haberme pasado con los enlaces.

 
At 21/9/06 23:02, Blogger Susana dice...

Acabo de encontrar una página estupenda con una sección sobre este tema:
http://hyperphysics.phy-astr.gsu.edu/hbase/hframe.html
Lástima que esté en inglés.

 
At 26/9/06 21:57, Anonymous Luis de Barcelona dice...

Una vez más, me encanta este artículo; y me encanta ver cómo conservas las ganas de seguir con algo tan poco productivo (en el sentido material de la palabra). No sé, pero creo que se apodera de mi una (sana) envidia.

 
At 27/9/06 02:51, Blogger Susana dice...

Noooo, Luis, alma de cántaro. Lo que pasa es que cuando quise hacer algo productivo de verdad, y me fui a la tele a contar que era la última amante de Jesulín, me dijeron que ya había pasado de moda. Yo a lo productivo soy incapaz de seguirle el ritmo. Así que me he quedado con Berlioz, que al menos no da tanto trabajo.

 
At 15/11/09 00:18, Anonymous Anónimo dice...

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