miércoles, agosto 15, 2007

OXÍGENO VITAL (EL RELATO DE JOSÉ VILCHES)

Torres era el primer y más famoso presentador de televisión, a través de internet, del nuevo y floreciente siglo XXI. Doscientos millones de hispanoparlantes conectados a la red avalaban su novedoso trabajo logrado a base de documentales que transigían todas las normas que habían existido (y existían) en la TV convencional. Ahora hablaba desde el porche de una gran mansión perdida en la falda de los Pirineos aragoneses:

-Hoy tenemos con todos nosotros a un hombre cuya mayor pasión es la caza, a la que dentro de poco rato dará un giro inesperado y espectacular que no deben perderse. Señor Márquez, por favor, hable a nuestro público de esa su fuerte pasión.

Márquez, un tipo corpulento, serio, con cierto aire de nobleza y pseudointelectualidad, se hallaba rodeado de una suerte de netcámaras, todas ellas conectadas a unos modernos ordenadores con el logotipo de Telenet España y comenzó a hablar para ellas:

-Sí. Vuelvo la vista atrás y me doy cuenta de que mi familia ha sido siempre amante de la caza- explicó Márquez.- He heredado de ella toda una fortuna en acciones de bolsa, tierras, un ilustre apellido (el cual es perseguido por la prensa rosa) y, por supuesto, esa extraña pasión por la caza campo a través.

-¿Su tatarabuelo cazó en Kenia a principios del siglo pasado?- preguntó Torres.- Creo haberlo leido en algún sitio, pero sería bueno que usted me lo confirmase. Al público le gustará que expliquemos estos detalles.

-Esto fue cuando los ecologistas no existían...¿Qué sabrán esos niñatos, si sólo han visto la naturaleza por la tele?. Mi antepasado mató leones, rinocerontes, sus buenos elefantes y amó la naturaleza como nadie, creo que una cosa no quita la otra. El ser humano desciende de monos que tenían que matar para sobrevivir, no se puede esconder ese instinto primordial.

-¿No cree, en absoluto, que esos tiempos han pasado?. Procure responder con toda sinceridad- aconsejó Torres.- Piense que este tipo de programas lo ve mucha gente y seguro que entre ellos tendremos biólogos y ... ecologistas.

-El instinto permanecerá con nosotros, indeleble, por muchísimo tiempo- fue la seca respuesta de Márquez.

-Sí, puede que tenga razón, pero ¿no considera que la caza ya no es prioritaria como medio de supervivencia?- aventuró Torres.

-La caza está más viva que nunca, de hecho siempre lo ha estado. Tal vez no sea la persona más indicada para decir si es o no prioritaria para sobrevivir. En mi caso parece que lo es, si me quitaran ésto sería lo mismo que si me privaran de oxígeno. Los de una corriente religiosa cazan a los de otra, unos políticos cazan a otros, los militares tampoco es que estén por la faena de dejar la caza, una multinacional se come a la otra, nórdicos que acaban con las focas, hinchas de un equipo de fútbol que acorralan a los de otro para matarlos, maridos que apalean a sus mujeres, jefes que machacan a sus empleados...¡Todavía no nos hemos quitado la piel de mono!...Esas personas tampoco desean ser privadas de su oxígeno vital. Todas las cosas horribles que suceden en el mundo nos vienen impuestas por genética, una espiral de violencia que en el pasado era aceptada y ahora no, pero de la que no nos podemos librar- fue la contundente sentencia de Márquez.

Las netcámaras se desplegaron abriendo el primer plano mostrando toda la fachada del campestre edificio. En el centro estaba el señor de la casa armado con un potente rifle con mira telescópica, a su derecha e izquierda tenía a sendos hombres armados de igual manera...Torres apareció en primer plano para explicar al espectador lo que estaba viendo y lo que iba a presenciar a continuación:

-Tenemos al señor Márquez y sus dos habituales compañeros de caza, armados hasta los dientes, en la hacienda del primero. Resulta evidente que se disponen a salir de cacería y dicha acción va a ser retransmitida en riguroso directo para todos ustedes. Pero, ¿pueden imaginar cúal va a ser su objetivo...?. Descúbranlo tras estos minutos publicitarios.

El objetivo voló por encima de los tres hombres armados, los cuales se dirigían hacia un bosque cercano, y la imagen se fundió con el logotipo de Telenet España.

* * *

“Tenía un resquicio de memoria. Tan sólo ocurría en un caso de cada cien mil. Normalmente esta clase de clones eran detectados en la línea de producción y deshechados automáticamente. Los ingenieros consideraban aceptable el hecho de que se les pudiera escapar uno de cada millón y yo era ese uno”.

“Fuimos cargados, como si de ganado se tratase, en un sucio camión que nos llevó a las montañas. Al principio estaba tan aturdido como mis nueve compañeros, pero poco a poco comencé a recordar. Él tenía una familia, una mujer y unos hijos, una casa, un semitrabajo y una vida más bien monótona: ¡YO ERA SU CLON!”.

“Ignoraba a donde nos dirigíamos, pero no podía tratarse de un sitio agradable, dadas las circunstancias del medio de transporte. Me vino a la memoria el transporte de judios en la segunda guerra mundial...”.

“Intenté hablar con mis compañeros de viaje los cuales se limitaron a mirarme, idiotizados, mientras se disputaban unas manzanas podridas que nos habían echado como refrigerio. Ellos no hablaban. No eran como yo. Evidentemente, no tenían un resquicio de memoria”.

“Todos estábamos aquí por dinero. Nuestros originales vendieron su ADN y recibieron por ello un millón de euros cada uno, además de un contrato en el cual se especificaba su desvinculación total con su clon. Mi original ya lo ha hecho tres veces: la primera vez con fines médicos (para poseer su propio banco de órganos), la segunda vez con fines laborales (envío de un clonobrero para una insegura central nuclear española) y, esta tercera, para un programa de telenet en directo”.

“Nos soltaron en mitad de un húmedo bosque. Teníamos reflejado en el rostro una especie de terror estúpido y lo único que hicimos fue agruparnos en un montón para quitarnos el frío de encima, puesto que nuestra vestimenta consistía en un fino mono de color verde oliva. Como veían que de ahí no nos movíamos, a pesar de los gritos y los insultos, decidieron echarnos unos cuantos perros de raza pit bull. Entonces sí que corrimos como gallinas asustadas, más de uno se dejó alli la tajada de carne clavada en los temibles colmillos de aquellos diabólicos perros”.

“Aquello sólo fue el aperitivo. Vi caer a todos los clones, uno a uno, en cuestión de tres cuartos de hora. Tres energúmenos armados, seguidos por unas extrañas cámaras, se encargaron de ello. Cabezas reventadas, pechos abatidos...Sangre por todos lados”.

“Conmigo, de momento, están teniendo más trabajo. He conseguido darles esquinazo en varias ocasiones e incluso he intentado alejarme del bosque, sólo para descubrir que se trata de un recinto privado dotado de una larga valla electríficada. Nuevamente el recuerdo de los judios ha asaltado mi memoria”.

“Es injusto que esto me esté pasando. Mis compañeros han muerto antes de saber que existían. Yo voy a morir sabiendo que existo. No quiero morir”.

“En un golpe de suerte he conseguido arrebatar el arma a uno de mis perseguidores, le he descerrajado todo el cargador a bocajarro al tiempo que le gritaba: -¡Toma cabrón, para que sepas lo que es esto!. Una cámara se me ha aproximado, si esas cosas tuvieran sentimientos hubiera asegurado que parecía perpleja”.

“Esto se acaba. Un certero disparo me ha alcanzado en el cuello. Noto como mi propia sangre me empapa el cuerpo. Las piernas me flaquean y mis pulmones buscan aire donde sólo hay cuajarones de sangre. Si hubiera tenido la oportunidad de escapar podría haber sido un hombre libre con una identidad propia. Tal vez algún clon lo consiga el día menos pensado. No quiero morir. Envuelto en la bruma de la señora muerte me regocijo con la cara que puso el hombre al que maté hace unos instantes. El oxígeno vital me abandona por completo justo antes de caer al húmedo suelo. La función ha terminado”.

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