sábado, diciembre 02, 2006

SICILIANOS, SÍ, PERO DE ESTE SIGLO

Viernes, ocho de la tarde. Mi santo, que diría Elvira Lindo (santo en todos los sentidos, tanto en su caso como en el mío) y yo nos hemos quedado sin entradas para el Fausto de Gounod en el Teatro Cervantes de Málaga, y decidimos poner en marcha el plan b: un espectáculo, organizado también por el Cervantes, llamado Milagro Acústico. Se celebra en el antiguo conservatorio María Cristina, un sitio mal cuidado con pretensiones de grandeza; una especie de quiero y no puedo hecho edificio. La reseña del concierto decía así:

MILAGRO ACÚSTICO

Poeti Arabi di Sicilia

DANZA, CANTO Y MÚSICA ÁRABE Y RENACIMIENTO ITALIANO

Poesía y música unidas por las raíces sicilianas; la poética italiana más la desbordante creatividad de los poetas árabes nacidos e instalados en Sicilia durante su dominación por los musulmanes.(...)
El grupo utiliza los instrumentos acústicos solos de esta tradición musical: guitarra acústica, baglama, mandolino, tambur, ney, kaval, DAF, darbuka, gongo etc.

Allí estábamos los dos, con un catarro (uno cada uno) del quince y saltándonos nuestras respectivas clases, después de aguantar un atasco de media hora y de soltar veinticuatro euros del ala para las entradas. Pero qué caray, la cosa prometía, y nos moríamos de curiosidad por saber en qué se entretenían los árabes de Sicilia mientras Palestrina hacía de las suyas.

Los micrófonos en el escenario ya me dieron mala espina. Un grupo tan purista como para interpretar con instrumentos originales del Renacimiento, ¿y va a estropearlo poniendo micros? Y además, no hace ninguna falta. Incluso Esperanza Aguirre, que hoy ya sabemos todos que se apaña con dos trapitos, podría usar el auditorio del María Cristina como armario, y aún le faltaría espacio.

Comenzaron la primera canción. Es de esperar, digo yo, que una obra compuesta en Italia durante el Renacimiento acuse alguna influencia de la música renacentista italiana. Yo no la encontraba. Encontré, eso sí, posibles influencias de la banda sonora de El Paciente Inglés (en los mejores momentos), de Europe, de Niña Pastori y, si me apuran, hasta de Ella Baila Sola. Pero de Renacimiento, niente. El misterio quedó explicado momentos después en boca del portavoz del grupo: "Nuestra música está inspirada en los poetas árabes que vivieron en Sicilia en el Renacimiento..." Aaaah. Vale. Que la música la han hecho ellos. Que del Renacimiento es la letra, si la tiene; si no, nada. Bueno, aún nos queda disfrutar de los instrumentos tradicionales de... de... ¿eso es un saxofón soprano?

Era un saxofón soprano, instrumento típico de la "tradición musical" de la familia de Adolfo Sax (su inventor) y de ninguna otra más, y que protagonizó prácticamente todas las canciones del espectáculo. "Al menos el público sí que es del Renacimiento", dijo muy serio mi chico. Cuánta maldad.

En cuanto a la poesía, que probablemente era bastante buena, ni la olimos. A pesar de que era el eje de todo el espectáculo, nadie tuvo la brillante idea de repartir un programa de mano, o un mal folio fotocopiado, con los poemas en los que se basaba (iba a decir inspiraba, pero tengo la impresión de que la inspiración poco tiene que ver con estos chicos) el grupo. De vez en cuando cantaban algunos versos, pero entre los alaridos mal templados de la vocalista y el sonido verbenero de los amplificadores, poco podíamos adivinar.

Creo recordar que varias personas se habían marchado ya cuando de una puerta lateral surgió una señora con una lámpara de araña sobre la cabeza. Al principio pensamos que se trataba de algún desgraciado accidente, pero luego nos pusimos en lo peor, y teníamos razón. Era la bailarina. Nos alivió un poco cuando la vimos a la luz: "Con ese radio, a poco que se entusiasme, de dos caderazos desaloja el escenario y ya nos podemos ir". Sin embargo la chica, consciente tal vez de los desarreglos que sobre el flujo de las mareas podía ocasionar un exceso de actividad por su parte, se limitó a agarrarse el pelo y a dar pasitos y saltitos cortitos: derecha, izquierda, derecha...

Era doloroso contemplar aquello, y muchas fueron las mentes despejadas que en aquel momento se levantaron y se fueron al bar a beber para olvidar. Eso sí, justo es decirlo: de entre los que se quedaron, ninguno lo hizo para amortizar la entrada (no merecía la pena). De hecho, aquel grupo de sucedáneo de pop arabizante y su bailarina triple volumen tienen ya una legión de aficionados entre las señoras y señores bien de Málaga. Aplaudían, piropeaban, hacían palmas las abuelas , y o mucho me equivoco o de ese concierto les salieron tres o cuatro contratos para sendas ferias de barrio.

Yo estaba indignadísima: con los organizadores, pero especialmente con quienquiera que hubiese escrito la reseña engañosa, plagada de verdades a medias, para la página oficial del Cervantes. Al principio pensé que ese alguien no conocía el espectáculo y se había limitado a inventar sobre la marcha. Ahora comprendo que sí lo conocía, y que sabía que no había otra forma de que alguien asistiera sin mentir descaradamente. Es lógico que este señor quiera conservar su trabajo, pero como yo prefiero conservar mi salud, y si me veo en otra así probablemente me ponga a masticar mi propio hígado, creo que por el Cervantes no me van a volver a ver en una laaaaarga temporada.

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